Revista de Badalona
29 de gener de 1972


Publicat a la Revista de Badalona el 29 de gener de 1972

Aquest article va se publicat pocs mesos després que comencéssim les activitats, l'octubre de 1971. A l'article el periodista ja informa de les principals idees que ens mouen a treballar en la formació de la gent jove en el temps de lleure. Són idees que, passats els anys, mantenim com a identificatives de la nostra entitat. Han canviat els mitjans materials i les persones, però l'esperit és el que era.

OBENC, un club para gente joven en Badalona

Andaba por la Riera, cuando me di cuenta que detrás mío, a buen paso, sostenían un par de chicos una animada conversación. La alegría con que hablaban y sobre todo la curiosidad de enterarme de los temas que interesaban a un par de chiquillos de hoy, me hizo girar. Observé, con disimulo, al que me pareció mayor. Unos 13 años, moreno, con un chaquetilla azul marino y las insignias de la "Navy" en la manga superior izquierda:

-Esta tarde -decía en aquel momento- tengo clase de guitarra y mañana iré al club a preparar la excursión del domingo, ¿por qué no te vienes tú?

Una conversación normal. Aquel chiquillo hablaba de algo que le gustaba. Seguí andando y cuando llamaba a la puerta del Club Obenc, en la Plaza San Sebastián núm. 37, aquel par de chicos se pararon también. Entramos juntos.

Nada más entrar, está la sala de estar con una gran chimenea. Allí, en la campana, vi el belén; grandes bolas colgaban del techo, dando un tono navideño a la estancia. Al lado de la sala de estar se encontraba una habitación y varios chicos ante unas mesas de dibujo. No tenían para copiar ningún modelo. Me explicaron:

-Cada uno de ellos interpreta la idea, según su personal saber, que previamente ha expuesto el profesor.

Al fondo, otro grupo estaba enfrascado ante un gran tablón, que cuando se termine será el gran mural del Club.

-Obenc está empezando. Los chicos aparte de asistir a la actividad de Arte -por ahora sólo tenemos dibujo, pero muy pronto contaremos también con cerámica- se han comprometido a decorar el club con su trabajo. No se trata de copiar, sino precisamente lo contrario: el arte lo concebimos aquí como una manifestación de la personalidad del chico, que lejos de comprimirla, queremos potenciar en toda su amplitud. Que cada uno -como se dice- sea cada uno, pero a la vez- como resultado de un trabajo hecho en equipo- sepa comprender y aceptar las versiones de los demás. Convivencia, en una palabra, a través del arte.

Abajo, en el sótano, me encuentro con aquel chico de la calle. Junto con otros, dan los primeros pasos en el dominio de la guitarra: cómo se colocan los dedos sobre las cuerdas, la escala musical, etc. El ruido, para un observador profano como yo, es un poco molesto. Aún les falta un mucho de dominio...

Justo al lado, aislado, me encuentro en una pequeña sala: mochilas junto a la pared, cuerdas de escalada. En una pequeña estantería, mapas de Cataluña; al fondo un pequeño proyector: es la sala de montaña. En este momento no hay nadie. Aquí se celebran las reuniones previas a las excursiones; charlas sobre técnicas montañeras, de escalada y esquí; casi siempre ilustradas con diapositivas y películas de alta montaña; tertulias con montañeros famosos. En un cartel está anunciada la próxima visita del discutido Pérez de Tudela.

Subo después al primer piso, que es el último también, y al fondo de la escalera en una amplia habitación está la sala de estudio. Mesas grandes, blancas; sillas con asiento de esparto -sencillas- pintadas de un rojo vivo, alegre. Un buen grupo está ultimando, febrilmente, sus trabajos escolares. Me dicen que así aprovechan el tiempo, mientras esperan el inicio de la actividad a que están apuntados o mientras esperan turno para hablar con el preceptor. Éste les orienta en sus estudios, motivándoles a esforzarse cada día un poco más en todos los terrenos, al propio tiempo que les orienta -la conversación franca, abierta, espontánea y siempre voluntaria, permite conocerles bien- hacia aquellos temas por los que tienen una mejor aptitud.

Por otra parte, además del preceptor, periódicamente en el Club se irán haciendo diversos cursillos de técnicas de estudio; preparación y redacción de apuntes de clase; técnicas de lectura rápida y también -más adelante- cursos de orientación profesional.

En otra de las habitaciones hay instalado un pequeño taller. Es la sala destinada a la actividad de aeromodelismo. Los chicos están construyendo el chasis de su avión. El club les proporciona el motor. Algunos diseñan por libre; otros prefieren reproducir algún modelo que les entusiasma. Toda una gama de aviones, en suma, que me hacen pensar en los bruscos y rápidos cambios que ha hecho el mundo casi sin darnos cuenta... Ellos, los chicos, por un momento me han mirado, luego, enseguida, han vuelto a su trabajo; les interesa mucho más.

De dirección veo salir al muchacho que acompañaba al chico cuya conversación escuché en la calle. El director del Club le decía, despidiéndole, que antes de matricularse, sus padres debían ir por el Club...

El padre que me acompañaba en la visita se aleja un momento. Saluda a otro señor que acaba de subir. Se acercan los dos hacia mí. Me dicen que dentro de unos minutos va a celebrarse una reunión de padres -los que promovieron el club- y cuya marcha dirigen de cerca. El tema de esta reunión va a ser la preparación de un curso de orientación familiar. Estará abierto a todos los padres que se interesen por la educación de sus hijos. Algo que hoy preocupa a todos; que es a veces un problema y cuya solución no se acierta a descubrir, porque lo de antes no siempre sirve.

Ha terminado la visita. Ya no hay nada más por ver. Materialmente es poco; está empezando, me dicen. Pero a mí me pareció mucho. Unas ideas -se tarda mucho más en escribirlas que en pensarlas- rondaban por mi cabeza. Vi en el club Obenc una oportunidad para muchos: mayores y chicos. ¿Qué hacer con los chicos después del colegio, en sus ratos libres?, ¿cómo orientarles en los estudios, tarea que hoy por hoy muchos colegios no pueden realizar?, ¿cómo profundizar en la educación de los hijos, adaptándose a su forma de ser? Grandes interrogantes que hoy se plantean y que entre todos buscamos la solución. Cuando salía del Club Obenc, en Badalona, pensaba que tenían una contestación.

Era ya de noche. Llovía aquel día, pero estaba alegre.

P. PIQUE

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